La cara y la cruz de la moneda define perfectamente mi experiencia durante este último mes.
En la cara están los estudiantes de Glina:
En Glina pudimos disfrutar de uno de los días más especiales en su Instituto: el día en que los profesores se convierten en estudiantes y los estudiantes en profesores o “Dan zamijenjenih uloga“.
Es muy divertido ver como ambos grupos intercambian sus roles y se introducen perfectamente en el papel. No es algo casual y sin sentido. Todo está muy bien calculado y los estudiantes, ahora profesores, se preparan a conciencia para ese día. Des de la manera de vestir hasta las clases que tienen que impartir.
En mi opinión es un buen ejercicio para ambas partes. Los estudiantes aprenden a valorar el trabajo de los profesores y a comprender todo lo que implica preparar una lección y trabajar con un grupo numeroso de personas y los profesores tienen la oportunidad de inspirarse, gracias a su alumnado, crear nuevas actividades e implementar nuevas metodologías de ensenyanza más atractiva para ellos y ellas.
Y en la cruz están las ancianas de la residencia de Petrinja:
Anna y yo, junto con otras voluntarias de la organización fuímos a dar un paseo con ellas.
Fue una sensación que jamás había experimentado anteriormente. Sinceramente sentí mucha pena por ellas. Me sorprendió descubrir como para algunas ese día había sido el más feliz en mucho tiempo. Estas mujeres están viviendo a parte de la sociedad. Poca gente las tiene en cuenta, en algunos casos ni si quiera sus familias. No son vegetales que puedas dejar acostados en una cama durante anyos. Son personas y aunque sean mayores aún están vivas y por lo tanto necesitan estimulos, necesitan que la gente les ayude, les abrace, les sonría, les de carinyo, necesitan salir a la calle cada día y respirar aire fresco, ver la ciudad, la gente, necesitan pasar el tiempo con su familia. Pero parece que poca gente se preocupa por ellas, y digo ellas porque son mujeres en su mayoría. Son mujeres fuertes, que han sufrido en su vida y han luchado por su familia y que ahora, después de toda una vida dedicada a los demás, necesitan que alguien se ocupe de ellas, no tan solo los y las profesionales del hospital y las voluntarias, que hacen buenamente lo que pueden, sino tambien sus propias familias.
Se que la vida a veces puede ser retorcida y complicada, pero también se que nunca podemos dejar de lado a nuestros mayores. Ellas nos lo han dado todo y se han ocupado de todo mientras han podido y es por eso que ahora nos toca a nostros/as darlo todo por ellas.
